La Capilla de Jesús Nazareno

La Capilla de Jesús Nazareno. Historia, Arte y Simbología.

La  Capilla de Jesús Nazareno.

Historia, Arte y Simbología.

 

En el siglo XVIII  la Villa de Priego alcanzó una de las etapas más prósperas de su historia. La economía, alcanzó los niveles más altos por el comercio de la seda y una clase social adinerada buscó los mejores arquitectos, escultores y pintores de las ciudades cercanas, para remodelar las iglesias y construir otras nuevas. A finales de este siglo y en pleno auge del barroco se construyó en la iglesia conventual de San Francisco la nueva capilla de Jesús Nazareno, “la primera construcción importante en Priego de planta centralizada y por la disposición de su fábrica, es única en toda la arquitectura andaluza” (Taylor, R.  1978:42).

 

Las obras se iniciaron en 1731, según diversas tesis, bajo la dirección de Jerónimo Sánchez Rueda, instruido  en el arte de Hurtado Izquierdo con el que mantuvo una gran amistad y adquirió su sólida formación artística.  La construcción la finalizó Juan de Dios Santaella, siguiendo las enseñanzas de su maestro, a la vez que, introducía un estilo más personal, mostrando en las decoradas yeserías unos rasgos cercanos a la estética del rococó.

       

La capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha ocupado a lo largo del tiempo distintos lugares en la iglesia de San  Francisco. En 1730 estaba situada junto al coro y, años más tarde, se propuso la construcción de una nueva capilla en donde estaba ubicada la cofradía de la Purísima Concepción. La construcción tuvo numerosos altibajos, deteniéndose dos años después del comienzo de las obras, reanudadas en 1744 y finalizando la fábrica en 1760, según consta en una inscripción sobre la puerta de acceso a su sacristía (Peláez del Rosal, M. Rivas Carmona, J. 1980:348).

       

Está adosada al presbiterio de la iglesia en la cabecera de la nave lateral. El espacio interior “describe” un   amplio hexágono, sin embargo, por fuera, “reviste  forma dodecagonal con su correspondiente cubierta de doce vertientes”, trazado que acrecienta la simbología de la ingeniosa traza, argumentada  en teorías de carácter cosmológico, que utilizaban las figuras geométricas del círculo y el triangulo equilátero en la traza de la perspectiva de las plantas de algunas iglesias, para comprender con más claridad la armonía del universo, paradigma del orden perfecto. 

 

Los muros del primer cuerpo  se adornan con hornacinas poco profundas y arcos, que comunican con el presbiterio y la sacristía de la hermandad. El segundo cuerpo también con arcadas, alberga unas tribunas, que se interrumpen al llegar a  los machones.  La decoración de las yeserías elegantes y dispersas, resultado de las gubias de Juan de Dios Santaella, son semejantes a las de la nave central de la iglesia, en ellas se combinan “motivos vegetales que cobijan niños”, (Requerey Ballesteros, R. 1999:387) y adornos geométricos. Presenta, también, unas tribunas con balcones,  que se extienden de un machón a otro. En principio eran seis, pero se suprimió uno para ubicar la parte superior del retablo central. Está iluminado por óculos ovales.

     

El conjunto de esta emblemática capilla está coronado por  una cúpula semiesférica con seis grandes ventanales abiertos en los gallones  por los que entra la luz natural. Su anillo se sustenta, en  las 6 pechinas, adornadas con algunos elementos del Arma ChristI: La Corona de espinas, la Cruz, el Martillo, las Tenazas, la Escalera, los Clavos, los Flagelos, que refuerzan su belleza,  acentuando el simbolismo de este conjunto monumental y estético,  ejemplo notable del Barroco tardío y preludio de los que años más tarde sería el Sagrario de la Parroquia de la Asunción. 

 

Cuando se acabaron las obras de la capilla se decidió hacer un Templete de madera tallada  para colocar la imagen de Jesús Nazareno. En un principio estuvo situado en el centro de la Capilla y su  coste fue bastante elevado, por lo que, se recogieron limosnas, joyas y se celebraron corridas de toros para paliar los gastos. Con el paso de los años y para tener mejor cabida, los hermanos decidieron  agregar un camarín a la estructura existente, con el propósito de colocar la  venerada imagen de Jesús Nazareno. Con la eliminación del templete, se modificó el efecto espacial que había predominado en este espacio sacro desde su construcción.

 

El  nuevo tabernáculo  de forma octogonal  y cúpula gallonada con ventanales, se construyó al fondo de la capilla, ya que, en el eje donde debería haberse edificado, coincidía con el espacio reservado a la sacristía.  La fábrica finalizó  en  1788.  A pesar de sus reformas conserva parte de su esplendida decoración primitiva, de gran exquisitez como todas las obras de Pedraxas en las postrimerías del barroco.

     

Cuando se  desmontó el  primer tabernáculo, se aprovecharon tres de sus piezas  para adaptarlas al altar mayor y colateral, resultando de todo esto el Gran Tríptico, que contemplamos actualmente, uno de los mayores atractivos de esta capilla. El primer cuerpo y los laterales está  realizados por Juan de Dios Santaella y presenta una decoración colorista y dinámica, incluyendo en esta unos innovadores soportes adosados “a manera estípites, apilastrados que incluyen ángeles en función de cariátides sostenidos por capiteles” (Peláez del Rosal, M. 1980:354), distribuyéndose por las entrecalles del retablo y contribuyendo a su dinámica colorista. Sobre ellos se alzan unas movidas cornisas.

     

El segundo cuerpo del retablo  se labró a partir de 1790. Está decorado y ejecutado por Francisco Javier Pedraxas, autor del Sagrario de la Parroquia de la Asunción.  Su decoración es más dispersa que la del  inferior  y los “extraños soportes” se sustituyen aquí por columnas de capitel compuesto con fuste acanalado. Esta decoración es más elegante y dispersa que la del primer cuerpo. Este enigmático y rico retablo lo culmina  un relieve cuadrilobulado de la coronación de espinas, atribuido a Remigio del Mármol.

     

En los nichos de sus lados laterales, debajo de los alteres que albergan las imágenes de Mª Santísima de los Dolores nazarena y San Juan. Lla cofradía guarda los bellísimos barros de San Juanito y el Niño de Pasión, imágenes de José Risueño, el más digno representante de la pequeña escultura de barro en las postrimerías del barroco andaluz. Su refinado arte, sentimiento, sensibilidad y  la cuidada estética de lo minucioso,  lo condensa en  sus pequeñas figuras de barro policromado, a las que da una expresividad comunicativa sin perder sus valores plásticos, constituyendo la nota de mayor atractivo y  finura de su arte.

     

Creemos por todo lo expuesto que la Pontificia y Real Cofradía y Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Mª Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista, no sólo posee un valor de continuidad y pervivencia en el tiempo a través de sus devociones, sus cultos y sus imágenes, sino que ha sido la heredera del mayor legado artístico y representativo de la escuela granadina del barroco.

     

Su bagaje histórico, artístico y cultual, son elementos indispensables e ineludibles, así como, aliciente muy importante para el análisis, conservación y promoción de uno de los tesoros Espirituales y Patrimoniales más importantes de nuestra ciudad.

 

Candelaria Alférez Molina

Doctora en Humanidades

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